lunes, 11 de agosto de 2014
lunes, 18 de noviembre de 2013
A veces creo en dios
Tengo la mente en blanco mientras me masturbo. Trago la
pastilla de clonazepam con un poco de leche tibia. Me lavo los dientes y fumo
un cigarro. Dejo el blíster sin tabletas entre las páginas de Una Temporada en el Infierno, donde se
lee:
“Todo esto ha pasado. Sé hoy saludar a la belleza”.
martes, 23 de abril de 2013
Maculay Culkin
De morrito quería ser güero como Maculay Culkin y quedarme solo en casa. Ahora sueño despierto con morritas fresas de coños rubios que compran café de ochenta baros y suben fotos de su gato a instagram.
De niño quería ser astronauta y ahora en lo único que pienso
es en asaltar un oxxo y no tener que trabajar el resto de mi vida.
De chavito fantaseaba
con entrar a un soriana de noche y meter
los pies en el yogurt, patear las cajas de maizoro y choco krispies, morder una
barra de queso, correr desnudo por los pasillos y orinar a un lado de panadería.
Ahora solo quiero que me atropelle un Infonavit inverso
mientras cruzo la Juan Escutia soñando despierto, o pasar el resto de mi vida
sedado viendo repeticiones de los Simpson, solo en casa…
…solo en casa.
domingo, 30 de diciembre de 2012
miércoles, 19 de diciembre de 2012
shoegaze
El hipnótico vuelo de la polilla me había mantenido en
trance los últimos minutos mientras trataba de conciliar el sueño; volaba en círculos
en torno al foco de mi habitación, su dios. Despliega sus alas y surca el
espacio en una burda coreografía; una y otra vez se estrella contra el muro,
contra el techo, como si quisiera atravesarlo, como si su vida dependiera de
ello. Pero nada hay detrás del muro, nada. ¿libertad quizás? libertad, libertad, abrumadora libertad. Nada.
Las paredes sudan y su piel se agrieta, estigmas y sonrisas
chuecas. El refrigerador ruge como la guitarra de Thurston Moore y el grifo gotea,
y tal vez esto es el tiempo. Cada gota que cae, cada grano de
arena es un instante mas despierto…o dormido. ¿Qué estará haciendo ella? ella,
ella, ella...
Mi estomago se hace presente, el hambre puede más que mi obsesión…
las cobijas se amoldan a mi cuerpo, pesan más que el cielo; cama serás mi santuario
y tumba…pasare el resto de mis días bajo tus suaves alas.
El hambre puede más que mi obsesión…escucho voces, ruido,
ruido ¿habrá vuelto el ratón, será un fantasma o estoy perdiendo la cabeza? una
vez la perdí y pase varios días sin ella; puse un anuncio y ofrecí recompensa, al
cabo de un par de días apareció una señora con ella en una bolsa del super, no
parecía dañada aunque me miraba algo triste, la señora me advirtió: joven, no debería
perder la cabeza.
Mi vida se siente más absurda que una película de Jarmush, o
peor: lenta y aburrida como una de Gus Van Sant.
El hambre puede más que mi obsesión…aun conservo un pedazo
de pizza de la última vez que ella ceno aquí, ella, ella, ella…
Un paso a la vez, un paso a la vez. Yo puedo hacerlo, puedo hacer
cualquier cosa, puedo ir a la cocina y comerme ese jodido pedazo de pizza. Puedo
hacer cualquier cosa nena, enfrentare a la oscuridad, al fantasma, al ratón y a
la locura, y me reiré solo de mis chistes. Ya no habrá amaneceres compartidos
ni conversaciones de madrugada, dormiré mil años y no soñare absolutamente
nada, todo será un grande y hermoso vació, oscuridad absoluta.
La maldita calefacción no funciona, y tiemblo al entrar a la
cocina, trago saliva y me envalento, tengo un objetivo: esa rebanada de pizza
debe desaparecer…ruido, ruido, ruido y la paranoia ocupa mi razón; mis ojos se
esfuerzan por acostumbrarse a la oscuridad y todo se vuelca en un silencio
terrible. Poco a poco parece distinguirse un pequeño cuerpo en lo que una
estela de luz se cuela por las viejas persianas plásticas del comedor
asemejando un reflector: el roedor aparece en escena, se apoya en sus patas
traseras y comienza a moverse de un lado a otro, adelante y atrás, izquierda y
derecha. Sus movimientos tiene ritmo, parece bailar, sus minúsculas pisadas
retumban fuerte en la habitación, debo admitir que el jodido ratón tiene gracia,
como un pequeño Fred Astaire danzando sublime en el sucio piso de mi cocina. El
recinto se ilumina un poco más y se puede apreciar perfectamente una orquesta
de roedores en el fondo, interpretando un bello swing, digno de un gran salón. En
el clímax de su actuación el pequeño bailarín se vuelca en un frenético tap que
me deja perplejo, no sé si llorar, aplaudir, o lanzar un ramo de rosas, así
que sólo me quedo quieto como pendejo. El roedor ante mi asombro hace una pequeña
reverencia y desaparece en la oscuridad junto a su fiel orquesta. Doy dos pasos
atrás y después media vuelta, entro a la cama y me refugio bajo las cobijas,
cierro los ojos y trato de dormir, mañana hay que trabajar temprano.
martes, 27 de noviembre de 2012
La cena
http://errr-magazine.com/?p=1943
Pedro pasa insistente el dedo anular de su mano derecha por la superficie de su bigote, le produce un leve cosquilleo, se nota nervioso pero intempestivamente la decisión se atisba en sus ojos, toma la ultima rebanada de pizza y la engulle de un bocado. No puede evitar tener la sonrisa de un niño mientras espera impaciente por una reacción de parte de Jimena: lo observa por un segundo, después mira hacia otra parte. Continúan cenando en silencio.
lunes, 26 de noviembre de 2012
We're not in Kansas anymore.
Regresaba a casa, inhalaba y exhalaba con dificultad, como
un pez a la orilla de un riachuelo, un hilo atado a mis fauces me arrastraba a
mi inevitable destino. Un caminar lento, mirada en los zapatos que en ratos se
asemejan a tortugas en una estúpida e interminable carrera: cada paso una
rebasa a la otra y así ad nauseam infinitum. Las rodillas cansadas de cargar
con mi alma y los testículos pareciera que quieren implotar, volverse
supernovas y escurrirse por mis pantorrillas. Voces obscenas, cantos de sirena
urbanos…esta ciudad no es lugar para ser vivo alguno que sienta afecto por la
propia existencia. Me siento cansado, muy cansado; me poso sobre en una jardinera y soy capaz de levantar la
vista en espera de un barquito de papel que me lleve a casa. Estoy cansado y
todo se vuelve tan rojo, todo se pierde en un violento mar carmesí. ¿Estoy en
casa?
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